Aún hoy caminan entre la multitud los asesinos rojos, esclavos de una moralidad afeminada, ejemplo exquisito del odio a la vida y la realidad, enemigos por tanto de la naturaleza aristocrática.
Todavía enarbolan sus banderas de miseria, todavía les falta el pudor para gritar sus cuatro consignas infames, falaces, amaneradas; se adueñan de las “causas nobles” y se hacen pasar por víctimas mientras carecen del poder, una vez que lo poseen ejercen la mas brutal tiranía en nombre de la aberración anti-natura llamada “equidad”. Son como ratas que viven en madrigueras de resentimiento, viendo pasar ante sus ojos los triunfos ajenos y maquillandolos como una “terrible injusticia”, son lo bastante enfermos y desquiciados como para deformar la realidad en búsqueda de su “justicia”, la “justicia” de los miserables, de los esclavos voluntarios, de los infelices, los mal vivientes, la “justicia” de los anormales.
Mas terrible que su sola existencia es la permisividad e ingenuidad con las que se les deja actuar, se les da la posibilidad de organizarse en enjambres de escoria humana, se les permite propagar su terrible condición en la mente de los incautos e ingenuos, por un momento se olvidan los gobernantes que la Propiedad es un derecho básico del hombre, y tal como se prohibe la existencia de partidos que atenten contra la vida o la libertad política de los ciudadanos, se debería también prohibir aquellos que atentan contra la Libertad Económica de los hombres. Hay quienes incluso plantean la desfachatez de derrotarlos democráticamente cuando poseen el poder, ¿Es que acaso olvidan con suma insolencia que los hombres pasan la mayor parte de sus vidas en actividades económicas, y que por tanto, cuando no son libres de ejercerlas como prefieran, se les condiciona a una esclavitud generalizada? ¿Puede acaso el esclavo pensar en contra de su amo?.
Este es mi manifiesto de odio, un sentimiento profundo contra aquellos que depravan el funcionamiento adecuado de la sociedad, aquellos que destrozan el orden adecuado en nombre de ideales enfermos, irreales, contrarios a la vida misma. A ellos les dedico mi odio, mi mas profundo desprecio y asco, por que lo merecen, lo han ganado a pulso con cada palpito que da ese despojo de carne que se encuentra en su pecho, y les permite continuar infestando de podredumbre todo cuanto encuentran en su andar.
Tienes que recordar que no por nada dicen eso de “Cada pueblo tiene el gobierno qué merece”.
¿Qué esperas que sea el gobierno de un país cuya población es ignorante y no tiene educación?
comentario por Diego Guerrero — Abril 28, 2008 @ 9:19 pm |