Palabras de Libertad

Febrero 4, 2008

Genealogía del Socialismo amanerado

Archivado en: General — altarfanatic @ 4:35 am

Cualquiera cuyo interés sea la política entendida, no precisamente la política de telediario matutino, sino como el conjunto de planteamientos económicos, filosóficos y sociales que se ponen a disposición de las masas para que estas decidan el rumbo del Estado que las gobierne; resulta curioso el comportamiento de ciertos militantes de ideologías de izquierda, en concreto de todos esos movimientos que abogan por el “socialismo”, los “derechos sociales”, la “Igualdad económica”, la “discriminación positiva para favorecer a las minorías”, el indigenismo, y un largo etcétera de eslóganes cuya sola mención me provoca un asco visceral. De todos modos, y para no perder el rumbo, decía que resulta curioso el comportamiento de estos sujetos en tanto que abogan por preceptos morales de pleno origen cristiano pese a que muchos de ellos se declaran ateos o “cristianos sin iglesia” junto con otros tantos auto-proclamados agnósticos; su aparente rechazo a las instituciones católicas (y en general a las iglesias cristianas) viene dado más por una actitud de superioridad moral en tanto que las consideran hipócritas con respecto a su prédica, es decir en lenguaje llano “Son mas papistas que el Papa”.

Es innegable para cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos históricos el percatarse que a medida que la Humanidad se alejó del rigor de la moral cristiana, mayor ha sido su desarrollo material e intelectual; gracias al Renacimiento resurge la ciencia con suficiente auge y el hombre comienza a ser mas “demoníaco” en tanto trata de convertir a la naturaleza, la “obra de Dios”, para su beneficio mundano, luego surgiría el Iluminismo y con él el Liberalismo económico, que no es otra cosa que la aceptación de que la moral y la normativa de los juicios de valor solo entorpecen el desarrollo económico y con él el desarrollo de la humanidad, que es mejor “Dejar hacer” a la voluntad económica de los hombres sin traba alguna (mas que el respeto por la libre acción económica de sus prójimos) puesto que con el libre juego de los intereses individuales se logra un mayor beneficio colectivo, a fin de cuentas la “masa” no puede existir sin individuos; esta doctrina del “Dejar Hacer, dejar pasar” trajo el surgimiento de las grandes potencias industriales de nuestros días, que si bien algunas previamente poseían grandes riquezas producto del monopolio colonial, otras de hecho no lo tenían (Ejemplos como Japón y sobre todo los Estados Unidos de América), y de todos modos sin libertad de empresas no hubiera sido siquiera un sueño el explosivo desarrollo industrial (ver por ejemplo la deplorable situación de Francia durante el reinado de Luis XVI). No hubiera sido posible alcanzar los niveles de crecimiento económico y mejoramiento tecnológico propios de la Edad Industrial de no haber sido por ese justificado aprecio hacia la realidad, hacia la inexistencia de la moral cristiana en los asuntos económicos, ese aprecio por la lógica conclusión de que no hay cabida para conceptos tales como “La compasión” o “El amor al prójimo” en los asuntos económicos, sino que se rigen por los intereses individuales perfectamente propios y reales del hombre. Claro que se cometieron abusos y violaciones de terrible naturaleza por parte de muchos patronos contra sus trabajadores, pero esto se debe en gran parte a la complicidad del Estado que no supo defender los derechos básicos del respeto por la vida y la propiedad de los obreros, por que a fin de cuentas, cuando se comete un abuso contra el cuerpo de un trabajador se esta violando su más intima e irrenunciable propiedad, y cualquiera que permita tal violación no debe llamarse Liberal; no obstante a estos abusos que de hecho pusieron en riesgo el largo camino recorrido, durante este tiempo se logró un mejoramiento notable en aspectos de la vida cotidiana de los individuos de todas las clases, tales como la alimentación, la vestimenta y se redujo notablemente la mortalidad infantil; es decir, se mejoraron aspectos sumamente importantes de la calidad de vida material. El hecho es pues, que un desprendimiento brutal de los principios cristianos permitió un desarrollo inimaginable.

Sin embargo, ante los inconvenientes causados por los abusos antes mencionados, surgió una masa de soñadores sentimentales que retomaban la vil idea de que la moral cristiana era necesaria, aunque ciertamente la mayoría de ellos criticaba fuertemente la institución eclesiástica y su explicación de las razones por las cuales los hombres debían seguir los planteamientos del “Amor al Prójimo”, la “Compasión” y la “Humildad” (de hecho, ellos a diferencia de la Iglesia, planteaban que tales principios le eran naturales al hombre), mantenían la fé en que seguir esos valores traería la felicidad a la humanidad, y la llamo fé por que no merece otro nombre algo que es totalmente contrario a la realidad objetiva de la actuación humana generalizada a través de la historia, y en general al funcionamiento de la naturaleza, no hay una pizca de “Natural” en dichos valores, no se puede afirmar por tanto que sean reales al menos al punto de ser algo inherente al hombre o algo designado por un “Dios Creador de todas las cosas”; estos “Utopistas” dedicaron buena parte de su tiempo a diseminar sus ideas de un mundo basado en una moral cristiana camuflada, pintando sociedades llenas de belleza y color que hasta al más irónico conmoverían… El error está en tomar como algo cierto y posible semejante ejercicio imaginativo, sería casi lo mismo que dejar a un niño de 5 años la labor de fundar un partido político, desgraciadamente este error ocurrió. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, un hombre profundamente racista de nombre Carlos Marx postula una serie de enunciados “racionales” según los cuales se estaría efectivamente cometiendo una violación al ideal de “Justicia” en la realidad económica, en tanto que si se acepta la tesis (por aquellos tiempos vigente) de que el valor de los productos viene dado exclusivamente por la cantidad de trabajo que en su fabricación se aplica, y que efectivamente el público toma sus decisiones de mercado en base a la cantidad de trabajo que le ahorra el consumir dichos bienes, entonces se estaría cometiendo un “robo” por parte del Capitalista quien se dedicaría exclusivamente a proporcionar las herramientas de trabajo (maquinas, etc) necesarias por el proletariado, y sin embargo se llevaría una suma inmensamente superior de beneficio que el que reciben quienes le estarían dando algún valor a dicho producto; en una palabra “Plusvalía”.

Afortunadamente para la humanidad, y desafortunadamente para los disociados mentales socialistas, ni la justicia es un fin en si mismo, ni la plusvalía es real, y esto quedó demostrado con la teoría subjetiva del comportamiento del consumidor, planteada por la Escuela Austriaca de Economía, que los individuos no consumen bienes basándose en la cantidad de trabajo que les ahorran, al menos no en el grueso de los intercambios económicos, sino por el placer que les genera el uso de dicho bien, y este placer es algo que solo puede ser evaluado en ultima instancia por el individuo; a su vez el mayor o menor valor de cambio (o precio) de los bienes, sería producto del efecto que tiene la escasez de dicho bien en relación con la satisfacción general que el individuo espera obtener del mismo. Al final, centralizar la producción de modo que cada obrero obtenga un beneficio proporcional al “valor” que le agrega a la producción, teniendo en cuenta que al final el valor de intercambio de un producto no es un efecto directo del esfuerzo que requiera sin tomar en cuenta las valoraciones subjetivas del grueso de los consumidores, no solo sería en si misma una “injusticia” dado que seguramente se estaría minusvalorando o sobre valorando el papel del obrero, sino que principalmente se estaría dejando a un lado la elección del consumidor y de este modo no se podría lograr un reparto de la producción que lo satisfaga. Ejemplos de las desastrosas consecuencias de una economía guiada por medidas objetivas del valor sobran, a saber todas las repúblicas ex-integrantes de la URSS, con las terribles temporadas de escasez de bienes que el público necesitaba (pantalones, o zapatos por ejemplo) pero cuya producción sencillamente no estaba provista de un mecanismo rápido y certero para conocer la magnitud de esta necesidad en el momento adecuado, estas son las consecuencias de no tener Mercado.

En fin, incluso dentro del análisis racional de Karl Marx, su meta está mas profundamente influenciada por la consecución de una meta irreal e idealista, entiéndase la “igualdad” para así acabar con el origen de todos los males “La explotación del hombre por el hombre”, también podría entenderse como la “falta de compasión” de los hombres; claramente estamos ante un triste y repulsivo caso de desprecio por la realidad en contraste por un enamoramiento enfermizo por los ideales morales, una suerte de enfermedad mental, de demencia que evade la realidad por considerarla “cruel”, “malvada”, y persigue transformarla en algo más parecido a sus metas morales, a su mundo de fantasía.

Ante todo, vemos en el origen de las tendencias socialistas, sean o no marxistas, un desprecio por la vida, como diría el gran Friedrich Nietzsche, dado que no se puede apreciar la vida sino se la valora tal cual es, tal cual se ha mostrado a lo largo de la historia humana y de la historia natural, como algo sin relación alguna con la Moral, algo no basado en la moral, y algo que si se quiere a plenitud se debe de aceptar sin moldearla a ideales morales, los cuales si se los cumple a cabalidad imposibilitan la prosperidad material de la Humanidad, en tanto que si entran en contacto con la esfera de lo económico deforman su funcionamiento adecuado guiado exclusivamente por los más básicos y reales deseos humanos, aquellos deseos de mejorar su situación material con respecto a sí mismo y a sus semejantes, y este mejoramiento material lo asocia con su mejoramiento de carácter, con su superioridad, con su sensación de poder… de poder mejorarse a si mismo, y de poder ser mejor que los demás para tener poder sobre ellos.

En tanto las doctrinas socialistas desprecian la realidad de la vida, en tanto son cobardes de afrontarla y prefieren refugiarse en un mundo de colores pastel y “buenos salvajes”, se merecen para mí el calificativo de AMANERADOS, carentes de la virilidad necesaria para afrontar la realidad.

No puedo cerrar este tema del todo, por lo que es posible que lo continué desarrollando en el futuro, así que dejo una ventana abierta para nuevos planteamientos.

Del mismo modo, tengo de manera obligada que decir la amplia influencia nietzscheniana en el desarrollo del escrito.

Sobre los argumentos históricos es importante dar cuenta de mi fuente como la obra del profesor Arístides Otero Silva, La Llamada Revolución Industrial.

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